fui a buscar al usuario donde ya estaba
FazApp podría haber sido una app. una linda, con su login, su dashboard y sus notificaciones. y probablemente habría fracasado.
mi usuario es un comerciante que factura todo el día y no tiene ganas de aprender un sistema nuevo. pedirle que descargue una app, cree una cuenta y entienda una interfaz es pedirle que cambie su rutina. la mayoría no lo hace.
la decisión
así que no armé una app. armé un bot de WhatsApp. el comercio factura escribiéndole a un chat, igual que le escribe a un cliente o a un proveedor. cero instalación, cero interfaz nueva, cero hábito que cambiar.
la parte difícil quedó de mi lado —integrar con SIFEN, firmar, transmitir—, y del lado del usuario quedó lo único que ya sabe hacer de memoria: mandar un mensaje.
lo que me llevo
- el mejor producto no es el que tiene más features, es el que le pide menos al usuario.
- ir a donde la gente ya está le gana casi siempre a construir un lugar nuevo y rezar que venga.
- la fricción que le sacás al usuario, alguien la tiene que absorber. ese alguien es el producto.
no es una idea original —es viejísima— pero verla funcionar con usuarios de verdad pega distinto que leerla en un libro.